Papá, hace ya dos días que te hemos dejado en el cementerio. Tu rostro, tu mirada, tu calor, tus palabras, tus consejos, tus historias, tus memorias ya no los tendremos nunca, si bien, todos ellos permanecerán con nosotros de una manera viva. Escribo esto con un nudo en la garganta: papá es la forma de sentir que te extraño de verdad.
He llamado a Nenei quien está en la casa en donde has convivido con ella, con mamá y la tía. Ellas sufren en carne viva tu ausencia, pues, sienten tu ausencia en el mismo espacio físico: tu sillón, tu piesa, tu cama, tu hamaca, tus cosas, tú, sí, tu mismo que formas parte de todo ese ambiente, ese escenario que has creado tú con tus manos, con tu mente, con el corazón, con tu amor, tus sueños. Como 25 años han pasado en ese nido que has construido. Ellas, mi hermana, mamá y la tía te extrañan más que todos.
Hoy he ido a cobrar el último salario que te corresponde y que se lo voy a llevar a Nenei para que ellas vayan sobreviviendo con ello. No te preocupes, papá, que yo estaré con ellas mientras vivamos y tú, ni lo dudo, nos estarás guiando siempre, minuto a minuto.
Papá, descansa en paz, es tu momento. Saludos a Jesus, a Maria, a José y al Padre Eterno.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario