Ayer llegó a mi oficina para hablar conmigo sobre su posible retorno a casa, porque la cosa en su matrimonio no funciona. No pregunté qué pasa, pues ya no tengo la confianza de antes. Mi respuesta fue que ella debe comprender, como madre que es, que a un hijo no se le puede cerrar la puerta. Con eso le decía que sí, que la casa está abierta para ella, por ser hija. Eso no quita el hecho de hacerla saber que me encuentro muy golpeado por las dos veces anteriores en los que le he dicho que el paso que va a dar era incorrecto y que ella , sin embargo, hizo caso omiso a mis recomendaciones y me ha abandonado para hacer ella lo que creía "conveniente", que era lo que a ella le gustaba.
Me alegra que vuelva, me asusta la responsabilidad que ello implica; sobre mis hombros la crianza de 2 criaturas (una de 2 años y otra de 5 meses), con mis 63 años, un trabajo incierto, un salario inadecuado, etc. Pero, bueno, tengo fe en Dios que me va ayudar a criar a sus criaturas.
martes, 16 de octubre de 2007
Suscribirse a:
Entradas (Atom)