Esta mañana he sido llamado con urgencia a casa de mis padres, pues papá no se encuentra bien y clama que me vaya. Fui, pero antes avisé a todos mis hijos de que el abuelo no estaba bien. Raquel me acompañó igual que mi hermana Nena. Cuando llegamos lo encontramos a papá que jadeaba, muy cansado. Llamamos al médico que prometió llegar al mediodía.
Es doloroso presenciar el deterioro del cuerpo y cuando el espíritu, la mente, de pronto se asocia al deterioro y comienza la disfunción mental. ¿Qué significa eso? ¿Que la mente envejece, que el espiritu caduca, que el alma envejece y muere..? Nunca me hice estas preguntas, pero ahora me las hago, ante esta realidad.
El mèdico nos explica que el mal de chagas ya ha hecho destrozos con el sistema digestivo de mi padre: todos los ganglios que producen movimiento para tragar por un lado y defecar por otro ya no funcionan. El corazón, por la misma razón, por tanto esfuerza se ha agrandado y está perdiendo efectividad y es lo que le produce tanto cansancio a mi padre. Yo interpreto con esto que vamos cuesta abajo en forma rápida: el fin está cerca. Me queda el consuelo de haber tenido un padre bueno, un abuelo ejemplar.
No pierdo la fe: creo que el alma es eterna y que la muerte es un volver a nuestro origen.
No voy a olvidar el homenaje a mi hermana que es la heroina de esta historia de mi familia que formamos papá, mamá, Nena, Nenei(ella) y yo.
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